Docentes de Royal Holloway, University of London, investigaron en Harvard Business Publishing cómo mejorar la participación en clase, comparando sesiones magistrales tradicionales con dinámicas más activas basadas en el trabajo en grupo y el análisis de casos.

En muchas universidades, el aula se ha vuelto un espacio donde pocos participan y muchos observan. Pero el silencio no siempre es señal de desinterés.
Docentes de Royal Holloway, University of London, investigaron en Harvard Business Publishing cómo mejorar la participación en clase, comparando sesiones magistrales tradicionales con dinámicas más activas basadas en el trabajo en grupo y el análisis de casos.
El resultado fue claro: los estudiantes participan más cuando se sienten escuchados, seguros y representados.
Establecer acuerdos desde el primer día sobre cómo se conversa en clase cambia por completo el clima. Hablar de respeto, escucha activa, confidencialidad y apertura como “reglas del juego” no es una formalidad: es una señal de que se valora la participación auténtica y que no hace falta tener “la respuesta perfecta” para poder hablar.
Además, ofrecer distintas formas de participar (verbal, escrita, digital, creativa) baja la barrera de entrada. No todos se sienten cómodos levantando la mano, pero sí pueden aportar en una pizarra colaborativa o desde una herramienta tecnológica.
Cuando los estudiantes ven casos o contenidos con los que se identifican, la participación se activa de forma natural. Una de las estudiantes entrevistadas por las docentes dijo: “La protagonista del caso digital me hizo pensar que esa podría ser yo tomando decisiones.”
Esa conexión emocional hace que el contenido importe más… y que hablar de él sea más genuino.
El estudio mostró que los estudiantes se animan más a participar cuando el docente no es quien tiene “todas las respuestas”, sino quien guía la conversación.
Técnicas como participación en ronda, ideas anónimas, o debates con roles asignados, equilibran el juego y dan espacio a más voces.
Dinámicas como think-pair-share, método jigsaw o role-play facilitan la construcción colectiva. Lo que parecía difícil de decir se vuelve más fácil cuando ya fue conversado en confianza.
En la educación virtual, los desafíos vinculados a la participación estudiantil se intensifican. La distancia física, la asincronía y la falta de contacto directo con docentes o pares pueden reforzar la pasividad y el silencio en clase. En ese contexto, el contenido adquiere un rol central.
En Virtual Ed Global implementamos soluciones de virtualización de contenidos con un enfoque claro: que cada recurso educativo esté pensado no solo para informar, sino para conectar con el estudiante. Materiales visuales, interactivos, dinámicos y diseñados pedagógicamente para despertar interés, facilitar la comprensión y sostener el compromiso.
Este trabajo se complementa con nuestras plataformas tecnológicas —LMS, sistemas de seguimiento y herramientas de colaboración— que permiten escalar la experiencia, medir resultados y generar espacios donde todos los estudiantes puedan participar activamente.
